martes, 25 de febrero de 2014

El Dr. Isidoro Vázquez de Acuña académico de la Academia Chilena de la Historia comenta la investigación sobre los Lisperguer Wittemberg realizada en España

Foto: Wikimedia Commons



El Doctor Isidoro Vázquez de Acuña, académico de la Academia Chilena de la Historia y Presidente del Instituto Chileno de Investigaciones Genealógicas comenta la investigación realizada en España sobre los Lisperguer Wittemberg, por Daniel Piedrabuena Ruiz-Tagle.

                En diciembre de 2013, el Doctor Vázquez de Acuña, ha tenido la gentileza de escribir un artículo muy positivo sobre mi investigación realizada en España sobre la familia Lisperguer Wittemberg, el cual apareció en el nº 55 de la Revista de Estudios Históricos, órgano oficial del Instituto Chileno de Investigaciones Genealógicas y de la Sección de Genealogía y Heráldica de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía. Por todo ello, sin duda, le estoy muy agradecido.

                Antes de comentar el artículo del ilustre académico, resulta obligado informar de que el título original de la obra era “Una carrera hacia la cúspide: los Lisperguer Wittemberg, una familia alemana en el corazón de la Monarquía española”. Este título fue cambiado tras la correspondiente modificación de su inscripción en el Departamento de Derechos Intelectuales de Santiago de Chile, quedando con el siguiente título: “Los Lisperguer Wittemberg: una singular familia alemana presente en la historia de España y Chile”. Este cambio es debido a que el título original de la obra estaba orientado a ser publicado en España, pero luego me di cuenta de que la importancia de la temática era mucho mayor en Chile y además, dicho título resultaba demasiado “afectado” y no muy congruente con la identidad y nacionalismo chileno. Por lo tanto, este último título es más neutro y más respetuoso con la identidad de dos naciones soberanas e independientes, que el presente trabajo trata de hermanar culturalmente. Por razones desconocidas el Sr. Vázquez de Acuña ha utilizado el título original de la obra, lo que no es del todo incierto, ya que en España continúa registrada con ese título.

                El Sr. Vázquez de Acuña comienza su artículo, señalando que a mediados de julio del 2011 se recibió en la Academia Chilena de la Historia la interesante e ingente investigación sobre el conquistador Pedro Lisperg Wittemberg, paje del emperador Carlos V y fundador de su ilustre familia en Chile. Sigue relatando que este súbdito originario de la ciudad de Worms (Alemania), había sido uno de los conquistadores de Chile, donde había llegado en 1557. Su ascendencia y situación social son estudiadas tanto como su descendencia. Hijo legítimo de Peter Birling (o Birlinger), consejero municipal y miembro del Consejo de los Trece (Dreizehner Rat) de aquella ciudad y de Catalina Lisperg, conoció al Emperador en su estadía en ella en 1545. Protegido por don Pedro Fernández de Cordoba, IV Conde de Feria, partió en su séquito imperial el 7 de agosto, cuando tenía 15 ó 16 años, rumbo a los Países Bajos.

                Así comenzaba el estudio biográfico y genealógico, del que el autor-quien suscribe estas líneas- se basaba en muchísimos documentos referentes al tema que se reproducen en los apéndices: a) Genealogía de la familia Wittemberg en España. b) Goces de hidalguía de la familia Wittemberg. c) Genealogía de la familia Lisperguer en Hispanoamérica. D) Cronología de Pedro Lisperguer. e) Pases y Licencias de Pedro Lisperguer para Perú y Chile.
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                Respecto a estos apéndices que refiere el Sr. Vázquez de Acuña, resulta obligado comentar que la genealogía de los Wittemberg en España es inédita y jamás se había publicado con anterioridad, para lo cual ha sido necesario el estudio de fuentes primarias, fundamentalmente legajos, manuscritos y numerosos protocolos notariales y realizar cinco viajes por España para poder completarla. Algo parecido acontece con los “goces de hidalguía de la familia Wittemberg” que aquí se publican por primera vez y que se encontraban en la Real Chancillería de Granada y dispersos en varios documentos. La genealogía de los Lisperguer en Hispanoamérica ya era conocida pero aquí se aúnan las diversas fuentes y se trata de reducir las contradicciones y vacíos existentes entre ellas, añadiendo además a las líneas bastardas de la familia. Respecto a la cronología de Pedro Lisperguer, en algunas obras como “Los Lisperguer y la Quintrala, del gran Vicuña Mackenna” se habían apuntado algunos ejes cronológicos del conquistador, pero nunca se había publicado una cronología completa del aventurero alemán, como la que existe, por ejemplo, de Hernán Cortés. Respecto a “los pases y licencias”, estas se hallaban en la Biblioteca Nacional del Perú, y por estar en obras ha requerido al menos cinco años de negociaciones para obtenerlas.
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                Continuando con nuestro artículo hay que decir que es realmente admirable la forma en la que el Dr. Vázquez de Acuña, comenta la obra de un autor novel que por primera vez se da a conocer a la intelectualidad chilena. La altura de la persona, como académico de una institución tan importante como es la Academia Chilena de la Historia, hace que sus palabras sean especialmente evocadoras. Así se refiere al “enjundioso ejemplar”, “la magna obra”, “el sincero y apasionado cariño de su autor por sus raíces es el amor que le impulsó a reconstruir su genealogía hispanoamericana y europea”, “los elegidos en la historia de sí mismos…”.  Y es que hay que decir con toda justicia que el Doctor Vázquez de Acuña ha sido una de las pocas personas con las que me he comunicado que ha tenido la introspección psicológica y la talla intelectual suficiente para comprender el hondo sentido de esta obra (aparte de otros compañeros de la Academia y algunos familiares). Realmente ha acertado de lleno. Porque así me he sentido, como si estuviera realizando una labor mesiánica, y ciertamente faraónica, esquivando miles de obstáculos procedimentales, pasando mañanas enteras en los archivos, para apenas escribir media cuartilla del libro, vadeando muchos impedimentos referidos a protecciones documentales, técnicas organizativas. En fin, rellenando cientos de formularios.

                Sigue relatando el académico como tanto la obra como el CD de la misma se conserva en la biblioteca de Academia Chilena de la Historia, la cual fue enviada por su autor-el mismo que comenta lo comentado-, Don Daniel Piedrabuena Ruiz-Tagle (*Santiago 1964), residente en España desde los nueve años de edad, cuya prosapia y circunstancias familiares comenta en la introducción de su magna obra…Resaltando poco después mis propias palabras: “Así pues, ya en plena adolescencia, crecí maravillado por todas estas historias, aturdido por sus antagonismos”. En estas palabras ve el autor del artículo el contagio del virus genealógico…y a línea seguida recupera otro de mis pensamientos: “…en el afán del trazado de líneas y líneas genealógicas un día me topé con la familia Lisperguer, recordé las cosas que me contaba mi hermano Juan Enrique y desde entonces quedé bajo el poder de su hechizo, concentrándome en un solo proyecto”.
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                Es también cierto, que esta obra es en cierto sentido un producto del desarraigo, de la emigración, de una búsqueda de mí mismo, de una necesidad imperiosa de conciliarme con mi nacionalidad originaria, en definitiva, de recuperar mi propia identidad. Mi hermano mayor Juan Enrique, residente muchos años en Barcelona y que ahora vive en Santiago de Chile, desde muy chico me explicó lo que significa ser chileno, los contrastes entre las clases de nuestra sociedad, los chimes de tal o cual pariente. Mi hermano era y es un arcano de sabiduría, el que mejor conoce en nuestra familia los vericuetos de nuestros ancestros, el que mejor conoció a nuestros abuelos, su vocación política, artística, sus grandes realizaciones. De él he aprendido muchísimo. Ahora que estoy a punto de cumplir cincuenta años apenas puedo llegar a asimilar su inmensa generosidad. Luego más tarde he recuperado el contacto con mi tío, Guillermo Piedrabuena Richard, primer Fiscal Nacional de Chile (1997-2007), interrumpido desde la infancia y retomado ahora, el que con mucho afecto me ha nombrado en todos sus discursos familiares y en sus últimos libros y actos. Su último libro titulado “Familias en la Historia” (en el que yo he colaborado allegándole algunos documentos y noticias) me lo ha dedicado junto a otras personas e incluso ha incorporado a su obra la introducción de otra obra mía titulada “Impresiones de Lucía Richard”.
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                Siguiendo con el artículo el autor reproduce en otro lugar del mismo las palabras que escribí en la introducción de la obra:

                “Durante años-nos confiesa-seguí investigando en la Biblioteca Nacional (de Madrid), que se convirtió en una verdadera cátedra para mí. Poco a poco mi pericia fue aumentando. Empecé a investigar en la Real Academia de la Historia, en el Archivo Histórico Nacional y continué en la Real Academia Española, así como en un sinfín de archivos y bibliotecas. Hice varios viajes por España y aprendí mucho”.

                Efectivamente, como señala el académico, en la Biblioteca Nacional de España puedo acreditar por lo menos 250 sesiones, donde me he nutrido de vastísimos referentes culturales, además de aprender las metodologías de la loable institución. En la Real Academia de la Historia estuve al menos 50 veces, en el Archivo Histórico Nacional alrededor de 30 veces y en la Real Academia Española en tres ocasiones. Además he investigado en los Archivos del Ejército, los de la Marina, en la Biblioteca Hispánica, en la Fundación Tavera, en la Fundación alemana Göerres y otros muchos lugares que ni recuerdo. He realizado seis viajes por España: tres a Málaga, donde he investigado en el Archivo Histórico Provincial, en el Archivo Municipal y en el Archivo Catedralicio; dos a Sevilla, donde he investigado en el Archivo General de Indias y en la Casa de Pilatos; uno a Granada, donde he investigado en la Real Chancillería de esa ciudad. Además he mantenido comunicación epistolar con toda clase de instituciones culturales a lo largo y ancho del mundo, proporcionándome multitud de documentos. Cientos de catálogos han pasado ante mis ojos, manuales biográficos, bases de datos, artículos, instrumentos de descripción, bibliografías de todo tipo, manuscritos, códices, libros maravillosos con mucha antigüedad. Así comenzando con una afición familiar, casi sin darme cuenta me convertí en un gran conocedor de la archivística, de la bibliofilia, del documentalismo y otras muchas ciencias afines.

                Me gustaría señalar que esta compleja investigación se ha llevado a cabo en gran parte en fuentes primarias, es decir, no en bibliografías ya contrastadas y publicadas, sino en legajos y manuscritos. Puede imaginar el lector la inmensa dificultad que ha supuesto leer documentos antiguos, con grafías enormemente enrevesadas, interpretar lo que esas informaciones suponían en el contexto de la época e integrarlas adecuadamente en un plan general. En el Archivo Provincial de Málaga esa labor fue especialmente difícil. Debido a los sucesivos desbordamientos del río Guadalmedina, los protocolos notariales enfundados en cuero, se habían mojado y secado y unos diminutos insectos imperceptibles al ojo humano se habían dedicado a la prosaica tarea de utilizar sus páginas como alimento. Cuando uno cogía uno de estos documentos, se deshacían en las manos, cayendo virutas de papel en el suelo. Además los surcos dejados por los insectos en el papel dificultaban enormemente su lectura. A pesar de todos estos contratiempos algunos documentos se encontraban en un estado razonable y eran legibles. Aunque parte del material está inventariado, mucho se conserva aún en un estado virgen.
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                El académico prosigue con su artículo señalando el apasionamiento de don Daniel Piedrabuena Ruiz-Tagle, resaltando que su estudio de 660 páginas, merece una mayor divulgación. Éste añade nueva documentación y la corrobora aumentando las fuentes de lo que ya se sabía del origen y circunstancia de Pedro de Lisperguer Wittemberg, uno de los conquistadores más destacados de Chile, así como de su descendencia. Continúa relatando que es muy interesante el uso de la figura del fundador como un pivote, para estudiar la mentalidad de la época, aspectos jurídicos y sociales, etc., resaltando la historia del Imperio en el tránsito del joven paje desde Worms hasta España, con una visita a los Países Bajos, luego a Inglaterra en el séquito del Príncipe heredero Felipe, y a las Indias, en el séquito de Don Andrés Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete, que viene como Virrey del Perú, pasando luego a Chile en la hueste de Don García de Mendoza, enviado por su padre como gobernador…

                Comenta también don Isidoro que la introducción de la obra es nostálgica, amena y bien escrita; que refleja el porqué del interés del autor en el estudio de los lisperguer y evoca sus cariñosos recuerdos de familia en relación con Chile, durante los escasos años que residió en el país durante su infancia, lo que unido al relato de sus búsquedas e investigaciones en los principales centros archivísticos y bibliográficos de España, todo ello en suma, constituye un excelente pórtico para iniciar la lectura de su obra.

                Sigue relatando el académico que el autor aúna en su labor, y ¡vaya si lo logra!, dejar para sus hijos esta buena herencia, que empieza a compartir con quienes descienden de estos próceres, a los que se interesan por las genealogías y parentescos y a aquellos que aman el conocimiento de la Historia; en este caso de la Hispanidad, extendiéndose al mundo germano tan estrechamente ligado a través de los Austria y el Sacro Imperio Romano Germánico.

                Este libro –continúa el historiador-ha sido conocido también por los miembros del Instituto Chileno de Investigaciones Genealógicas, que tengo la honra de presidir, en cuya biblioteca tenemos un ejemplar. Desgraciadamente, todavía vivimos muy apegados al papel impreso, pero yo lo he revisado en la pantalla y ahora, al redactar este comentario, vuelvo  a leer la obra del Sr. Piedrabuena, y le reitero mi felicitación, ya que conozco muy bien los sacrificios que conllevan investigaciones como la suya, que se labran en muchos años de dedicación para revisar fuentes e ir dándole forma, como quien esculpe una estatua, pero que debe ser fiel reflejo de circunstancias históricas, dentro de lo que ello es posible. Luego está la infeliz tarea de publicarla, de hacerla servir a otros, y de que ello se reconozca y así pueda el autor sentir un merecido estímulo.

                Además, el autor amplía la descendencia Lisperguer-Wittenberg a la familia malacitana descendiente en España, ligada a las casas marquesales de Valdeflores e Islahermosa y vizcondal de Sierra Blanca, y a los servicios de varios de sus miembros más lucidos en la Real Armada, así como su relación con la Academia Amistosa Literaria fundada por el Almirante don Jorge Juan, a la cual tengo también el honor de pertenecer.

                Este libro, además de muy documentado, es de amena lectura y nos traslada con maestría a las épocas que va describiendo. No es frecuente este fenómeno y pretendo adivinar el por qué. Supongo que se debe al entusiasmo del autor, que ha sabido adentrarse en la historia familiar, usando el método genealógico como estructura pero no como finalidad, resaltando objetivamente los acontecimientos y los personajes de una casa tan ilustre en nuestro ámbito, rodeada de mitos, tan falsos  o exagerados, movidos por la envidia, la ignorancia y el aprovechamiento periodístico, de los que revierten en sus páginas las taras de sus personas y no lo mejor de las mismas.
                                                                                                                                                 Dr. Isidoro Vázquez de Acuña
                                                                                                                                                 Marqués García del Postigo
                                                                                                                                                 Pablo Schaffhauser Muñoz
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                Gracias Sr. Vázquez de Acuña, mientras me quede un hálito de vida no podré olvidar tan bonito reconocimiento, ni podré dejar de agradecer la gran oportunidad que me ha brindado. La verdad es que me he esforzado bastante, pero aún me queda mucho por hacer…
                                                                                                                                        Daniel Piedrabuena Ruiz-Tagle

Por favor lector, no te olvides de dejar algún comentario o de enviarme un e-mail.

P.D. Estimados lectores: 

El título del libro ha cambiado. La primera parte titulada "El conquistador alemán Pedro Lísperguer Wittemberg: las vivencias europeas de un intrépido cortesano", ya se puede adquirir en Amazon en su versión digital. Gracias. DPR. 





Recientemente he publicado un artículo en la Revista Atenea sobre el origen de los Lisperguer. Se trata de una perspectiva nueva, muy interesante, que te invito a conocer:





Gracias 

Recientemente he publicado un nuevo libro, muy novedoso en el contenido de esta temática,  titulado Los Lísperguer Wittemberg: una familia alemana en el corazón de la cultura chilena: hacia un debate identitario en torno a la primera familia colonial. 





Puedes adquirirlo a través del siguiente enlace: 




Gracias

Daniel Piedrabuena Ruiz-Tagle 


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2 comentarios:

  1. Mis saludos a quienes realizan estas investigaciones. No deja de ser importante dar una mirada, y en la profundidad del análisis, al pasado cercano. Atentos saludos.

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    1. Muchas Gracias. Te animo a descubrir esta investigación. Te sorprenderá. Saludos, Daniel

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